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Pedro Núñez Morgades

Responsable del Área de Defensa del Menor de Legálitas

 

Cíclicamente nos ocupamos de sucesos que ocurren y que olvidamos pronto hasta que se reproducen con tantas consecuencias que son objetivo mediático.

Así ocurre estos días, con el acoso escolar tanto en nuestra vida “real” como en la de las tecnologías de la comunicación, es decir el ciberacoso.

                A continuación planteo varios puntos que creo importantes, que sirven para este conflicto, de consecuencias muy dañinas para la estabilidad psíquica, emotiva de nuestra infancia y adolescencia y para la realidad de nuestra máxima obligación: educar a nuestros hijos y, ahora, nietos en los valores universales como la mejor inversión y la mejor medida de prevención y fortalecimiento ante los muchos riesgos que va a encontrar en su vida infantil, juvenil y adulta. “Educa a los niños y no tendrás que castigar a los adultos”

  • Hay que abandonar el “diálogo de sordos” en el que mantenemos nuestras buenas intenciones en relación a la educación y, consecuentemente, poder  llegar al imprescindible pacto escolar siendo conscientes del daño que provocamos a la estabilidad y convivencia nuestra, de nuestras familias y de toda la sociedad, si no lo logran.
  • Es imprescindible intensificar la relación familia-escuela superando las muchas dificultades que la obstaculizan, o tendremos que seguir aprobando leyes en defensa de los maestros que suponen el mayor fracaso de nuestra misión como docentes, que todos los somos. Una sociedad que tiene que apoyar con leyes y sanciones la función del profesor en vez de haciendo ver lo transcendente de su misión y el agradecimiento que les debemos, debe pensar qué le está pasando.
  • No tenemos que aspirar a ser amigos de nuestras hijas e hijos sino a ser madres o padres. Cada uno tiene su papel y el nuestro es conocer  a nuestros hijos y ganarnos su confianza, para que nos cuenten lo que les pasa o podamos detectarlo ante cambios de comportamientos no habituales. Para ello, para conocerlos, mantener una fluida comunicación con sus tutores es un paso muy importante.
  • Que desarrollemos el art. 154 del Código civil donde especifica que “los padres velarán por sus hijos…”  un padre que no acude a la llamada del centro escolar ¿está velando adecuadamente por sus hijos…?
  • Que avancemos en el conocimiento de las bondades de la mediación en general y la escolar en particular, empoderándonos en sus técnicas que nos van a enriquecer en toda nuestra vida personal familiar y profesional, y preparemos a nuestros alumnos en la filosofía de la mediación en los conflictos que se presentan a otros alumnos.
  • Que de una vez por todas conozcamos y apliquemos “inteligencia emocional” para conocernos mejor, pequeños y mayores, conozcamos nuestros sentimientos y comportamientos y los de los demás favoreciendo empáticamente nuestras relaciones.
  • Que superemos la brecha digital intergeneracional. Es un reto complejo pero absolutamente necesario si queremos abordar con garantía de éxito muestra función de padres y profesores.

En las TIC, lo que hoy es novedad mañana es obsolescencia, pero no tenemos que ser informáticos profesionales, sino profesionales con los conocimientos adecuados para desenvolvernos en este mundo digital donde estas nuestros hijos y alumnos y no quedarnos en el analógico donde somos legión.

  • Educaremos desde el embarazo a nuestras hijas e hijos en los valores de todos, pensemos lo que pensemos y muy en concreto en la empatía, para que sea un estímulo de constante aplicación  por el que siempre nos pongamos en el lugar y las circunstancias del otro, especialmente cuando pueda estar sufriendo. Para detectarlo y poder ayudar. Aunque fuera desde el cierto egoísmo del “hoy por ti, mañana por mí”.
  • Desde esta empatía sepamos hacer distinguir a nuestros alumnos e hijos lo que es ser “chivato” y lo que es trasladar a padres  y profesores un problema de nuestros hermanos, de nuestros compañeros de clase o de cualquier persona de nuestro entorno. Y sepamos hacérselo ver para ahora y para su futuro. Si nos comprometemos más, los unos con los otros, haremos un mundo mejor en beneficio de todos.
  • Que sepamos que mas grave y difícil de detectar es el acoso psicológico que el maltrato y más difícil es el virtual que el real pero que el menor los exterioriza todos.
  • Que sepamos  utilizar todas las técnicas y protocolos establecidos cuando se produce una situación de conflicto.
  • Que  no pensemos que son “cosas de críos” que se superar solas. Tampoco que reconocerlas que si va a dañar la imagen de nuestro centro escolar.  Y por supuesto que nunca tengamos temor de acudir a los tutores, al director del colegio de nuestros hijos por temor a unas totalmente infundadas represalias. Tenemos que tener total confianza mutua y por ello es tan imprescindible el contacto y la vitalización y participación en las asociaciones de madres y padres.
  • Que no acudamos a la medida que diríamos “más fácil” pero menos efectiva: separar a acosador y acosado, trasladando de clase o colegio a uno de los dos que, sorprendentemente y en muchos caos es el acosado, al que separamos de su mundo escolar, de sus amigos de sus profesores.

De esta forma el acosado puede sentirse vencido a pesar del castigo al ofensor; el resto de alumnos percibirlo así y sentirse temerosos de denunciarlo o de ser la próxima víctima.

                Debemos restaurar y verificar constantemente la recuperación de la relación armónica entre acosador y acosado en el propio centro escolar lo que recuperará la autoestima de este y reeducará al primero, evitando una posible escalada en la violencia tras la sensación de haber vencido.

  • Cambiar nuestra percepción de sentir más grave que nuestro hijo sea el acosado que sea el acosador. Si nuestro hijo o hija es la víctima podrá superarlo con nuestra ayuda y la de sus maestros.

Pero si nuestro hijo es el acosador evidencia una falta de empatía y comportamiento que, de no corregirlo totalmente, podrá darnos muchos disgustos. Y sepamos que también se puede  detectar al acosador por su conducta, en casa o con sus amigos, que nuestro hijo tiene actitudes prepotentes y despectivas.

                Podría seguir emitiendo mi opinión basada principalmente en mi experiencia  pero creo que expongo una serie de reflexiones que unidas a las muchas que se han emitido estos días nos hagan meditar en que tener hijos es voluntario -y ojalá tuviéramos muchos más- pero cuando los tenemos son nuestra principal responsabilidad y que como “no vienen con un libro de instrucciones debajo del brazo” tenemos que prepararnos  para que sean actores de un mundo mejor.